UNA COACCIÓN ANUNCIADA: ANATOMÍA DE LA RABIA FABRICADA

Detrás de los videos virales que convocan al caos tras la elección de Abelardo de la Espriella hay una arquitectura deliberada de manipulación emocional, extremismo cognitivo y vacío constitucional. Un análisis jurídico, psicológico y geopolítico de por qué sectores radicalizados destruyen lo que dicen defender.

El país amaneció el día después de las elecciones presidenciales con dos realidades paralelas e irreconciliables: una Colombia que procesó democráticamente una derrota electoral y avanzó, y otra Colombia que difundió videos convocando a «hacer invivible» el entorno del presidente electo. Esas imágenes, propagadas con una velocidad que solo la tecnología contemporánea hace posible, no son espontáneas. Son el producto de un proceso largo, metódico y multidimensional de fabricación del odio, que merece ser examinado con la misma rigurosidad científica con que se estudia cualquier otra amenaza a la salud pública.

Este análisis no pretende silenciar la protesta ni criminalizar la oposición —ambas son expresiones legítimas y necesarias en toda democracia sana—. Pretende exactamente lo contrario: distinguir entre el disenso genuino y la violencia fabricada, entre la indignación ciudadana y la manipulación de masas, entre el activismo consciente y el fanatismo ciego que destruye las mismas instituciones que en el futuro deberá invocar para protegerse.

I. El crimen constitucional: cuando la vía de hecho reemplaza al sufragio

Desde el derecho constitucional, la consigna de sabotear, intimidar o «hacer invivible» el ejercicio del poder de un mandatario legítimamente electo no es protesta: es una vía de hecho punible. La diferencia no es semántica; es la columna vertebral de todo Estado Social de Derecho.

Los artículos 1, 2 y 3 de la Constitución Política de Colombia establecen con claridad meridiana que la soberanía popular reside en el pueblo y se ejerce mediante los mecanismos establecidos en la Constitución. El artículo 37 garantiza el derecho a la manifestación pública y pacífica. La palabra clave es pacífica. Cuando una convocatoria supera ese umbral y promueve la coacción, la intimidación o la perturbación violenta del orden democrático, abandona el campo de los derechos constitucionales y entra en el del Código Penal colombiano —específicamente en los tipos de amenazas (artículo 347), instigación a delinquir (artículo 348) y perturbación al certamen democrático (artículo 386)—.

Posición institucional

La Defensoría del Pueblo advirtió de manera tajante que «cuando las amenazas entran en la conversación pública, se afecta la posibilidad de tramitar las diferencias mediante la palabra y las ideas» (Defensoría del Pueblo, 2026). La Fiscalía General de la Nación abrió investigaciones formales por las dieciséis amenazas documentadas contra el presidente electo durante la campaña.

Lo que ocurre cuando un colectivo subordina la validez de una elección a que el ganador sea de su exclusivo agrado no es democracia alternativa ni resistencia progresista: es la instauración de un veto de facto, equivalente funcional a lo que en teoría política se denomina democracia iliberal pero practicado paradójicamente por quienes más invocan los valores liberales. Se exige el sufragio universal cuando favorece; se impugna mediante la fuerza cuando no favorece.

“ Quien destruye las reglas del juego democrático porque el resultado le es adverso, invalida el mismo sistema normativo que en el futuro requerirá para proteger sus propias libertades.”

II. ¿Es un fenómeno exclusivo de la izquierda? La honestidad científica exige matices

Sería intelectualmente deshonesto —y políticamente conveniente para ciertos sectores— afirmar que la violencia política antisistémica es un monopolio de la izquierda. La ciencia política, la sociología y la historia reciente del mundo desmienten esa tesis. El asalto al Capitolio de Washington el 6 de enero de 2021 fue protagonizado por sectores de extrema derecha. Los pogromos fascistas de entreguerras en Europa fueron obra de radicalismos de derecha. Las dictaduras militares latinoamericanas del siglo XX fueron, en su mayoría, de corte conservador o de extrema derecha.

El extremismo no tiene color político exclusivo. Lo que sí tiene rasgos identificables es la estructura cognitiva del extremismo: el desprecio por los resultados institucionales cuando son adversos, la sacralización del propio grupo, la deshumanización del adversario y la justificación moral de la violencia como herramienta de cambio. Esas características pueden encontrarse tanto en la extrema izquierda como en la extrema derecha, aunque su expresión coyuntural adopte formas ideológicas distintas.

Contexto colombiano 2026

En el caso específico del período postelectoral colombiano, los llamados a la desestabilización provienen de sectores vinculados a los vestigios de la «Primera Línea» y a ciertos núcleos del progresismo radical. Esto es un dato coyuntural, no una conclusión estructural sobre la izquierda colombiana como conjunto, la cual incluye una vasta mayoría comprometida con las vías institucionales.

Confundir a toda la izquierda con sus sectores más radicalizados es exactamente el mismo error cognitivo que los radicalizados cometen al confundir a toda la derecha con el fascismo. Ambas simplificaciones son herramientas de polarización, no de análisis.

III. Psicología del extremismo: por qué personas razonables hacen cosas irrazonables

La desindividualización y el efecto de la masa

El psicólogo social Gustave Le Bon describió en su obra seminal Psicología de las Masas (1895) un fenómeno que la neurociencia contemporánea ha confirmado: la inmersión en un colectivo produce una disminución medible de la actividad en la corteza prefrontal —la región cerebral responsable del juicio crítico, la empatía y el control de impulsos—. El individuo en la masa experimenta lo que los psicólogos denominan desindividualización: pierde su identidad individual, su sentido de responsabilidad personal y sus inhibiciones morales. Lo que en soledad juzgaría inaceptable, en el grupo lo considera justificado o incluso heroico.

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Anomia y ruptura de normas

El sociólogo Émile Durkheim definió la anomia como el estado de desintegración de las normas sociales que regulan la conducta individual. Cuando un individuo o grupo percibe que las instituciones son ilegítimas o están al servicio del «enemigo», la anomia les libera psicológicamente de la obligación de respetar sus reglas —incluyendo las reglas democráticas—.

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Cámaras de eco y sesgo de confirmación

Las plataformas digitales han creado lo que Eli Pariser llamó la «filter bubble»: un entorno informativo personalizado que refuerza las creencias preexistentes y excluye sistemáticamente la información contradictoria. Un estudio del MIT (Vosoughi, Roy & Aral, 2023) demostró que la desinformación se propaga 4,8 veces más rápido que la información veraz en redes sociales.

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Desconexión moral de Bandura

Albert Bandura teorizó que los seres humanos pueden cometer actos que normalmente considerarían inmorales mediante mecanismos cognitivos que redefinen la acción dañina como noble. La «justificación moral» transforma la violencia política en «resistencia necesaria», el vandalismo en «expresión legítima» y la amenaza en «advertencia democrática».

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Identidad fusionada y pensamiento tribal

Cuando la identidad personal se fusiona con la identidad del grupo político —un fenómeno estudiado por William Swann bajo el concepto de identity fusion—, una derrota electoral se vive como una amenaza existencial personal, no como un resultado político reversible. Esto explica la intensidad desproporcionada de las reacciones.

Hallazgo psiquiátrico relevante

El Manual Diagnóstico DSM-5-TR identifica el «pensamiento de blanco y negro» como un marcador de varios trastornos de personalidad, pero también como una respuesta adaptativa bajo estrés severo en personas sin ningún trastorno clínico. La polarización extrema puede producir en individuos psicológicamente sanos los mismos patrones cognitivos que en condiciones normales solo exhiben personas con patología. El entorno lo desencadena; la manipulación lo aprovecha.

IV. La paradoja de la superioridad moral: los derechos como privilegio del endogrupo

El fenómeno más desconcertante —y más revelador— de estos movimientos es su profunda contradicción interna: abanderan la defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión y la dignidad personal, mientras ejercen sistemáticamente la censura, el linchamiento público y la intimidación contra quienes piensan diferente.

Lo que proclaman
Defensa irrestricta de la libertad de expresión y los derechos humanos universales para todos los ciudadanos

Lo que practican
Cancelación, linchamiento público, amenazas e intimidación contra quienes expresan ideas contrarias al grupo

Lo que proclaman
Respeto por la diversidad ideológica y rechazo a cualquier forma de discriminación política

Lo que practican
Deshumanización sistemática del adversario político como «fascista», «monstruo» o «enemigo del pueblo»

Lo que proclaman
Confianza en las instituciones democráticas como garantes de los derechos fundamentales

Lo que practican
Desconocimiento de resultados electorales y convocatoria a la desestabilización institucional

Esta contradicción no es accidental ni hipócrita en el sentido consciente del término. Es el producto de la desconexión moral de Bandura: quienes la experimentan genuinamente no se ven a sí mismos como incoherentes. Desde su perspectiva cognitiva, los derechos humanos son para los humanos, y el adversario político ha sido previamente redefinido como algo menos que humano —un proceso que el filósofo político Hannah Arendt documentó exhaustivamente en el contexto de los totalitarismos del siglo XX—.

“ La libertad selectiva no es libertad: es el privilegio del más fuerte disfrazado de principio moral.”

V. La ingeniería del odio: manipulación de masas para fines políticos y privados

El historiador Robert Paxton, en su estudio definitivo sobre el fascismo (The Anatomy of Fascism, 2004), señaló que los movimientos radicales exitosos no nacen espontáneamente de la indignación popular: son construidos, financiados y dirigidos por élites que utilizan el resentimiento genuino de las masas como combustible para sus propios proyectos de poder. Esta observación es igualmente válida para radicalismos de cualquier signo ideológico.

El mercado político del miedo y el resentimiento

Las teorías clásicas de la movilización política (Olson, 1965; Tarrow, 1994) demuestran que la acción colectiva no surge del agravio en sí mismo, sino cuando empresarios políticos —líderes, organizaciones, medios de comunicación— canalizan ese agravio hacia objetivos específicos y proporcionan los recursos organizativos para la movilización. En el contexto contemporáneo, esos recursos incluyen canales de Telegram, grupos de WhatsApp, cuentas de redes sociales con millones de seguidores y, cada vez más, contenidos generados o amplificados con inteligencia artificial.

⚠ La amenaza de la IA generativa en la desinformación política: Según el informe Global Risks Report 2024 del Foro Económico Mundial, la desinformación amplificada por IA es considerada el mayor riesgo global a corto plazo, por encima de los conflictos armados y las catástrofes climáticas. La capacidad de generar videos deepfake convincentes, audios falsificados y textos en masa a costo casi cero ha democratizado la producción de propaganda, eliminando la barrera técnica que antes limitaba la manipulación a actores estatales o grandes organizaciones.

Lo que distingue a la manipulación política contemporánea de sus precedentes históricos es la escala, la velocidad y la personalización. Los algoritmos de las grandes plataformas digitales —diseñados para maximizar el engagement, no para promover la verdad— favorecen sistemáticamente el contenido que genera respuestas emocionales intensas: la indignación, el miedo y el odio tienen mucho más engagement que la información matizada y contextualizada. Este diseño no es neutral; es una arquitectura que hace más fácil radicalizar que moderar.

Dato empírico
El Reuters Institute Digital News Report 2025 encontró que el 72% de los usuarios latinoamericanos no verifica la fuente original de los contenidos políticos que comparte en redes sociales. El 61% confía más en los testimonios de personas de su círculo cercano que en medios de comunicación formales —lo que convierte cada cadena de WhatsApp en un vector de desinformación con credibilidad interpersonal aumentada—.

La responsabilidad de los líderes de opinión

La geopolítica del siglo XXI ha documentado ampliamente el fenómeno de los «empresarios de la crisis»: actores políticos, mediáticos o económicos que se benefician de la inestabilidad que contribuyen a producir. En el caso colombiano, algunos líderes de opinión con plataformas masivas han utilizado retórica maximalista —»todo comenzará el día en que ese man quede»— sin asumir ninguna responsabilidad por las consecuencias físicas de ese discurso sobre personas reales (El País América, 2026).

Esta irresponsabilidad tiene un nombre jurídico en la doctrina del derecho internacional de los derechos humanos: incitación al odio. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido en múltiples fallos que la libertad de expresión no ampara el discurso que tenga como objeto o efecto probable la incitación a la violencia contra personas o grupos identificables.

VI. La geopolítica de la desestabilización: Colombia en el tablero regional

El análisis de la crisis postelectoral colombiana sería incompleto sin su dimensión geopolítica. América Latina atraviesa un período de intensa competencia entre modelos de gobernanza: el bolivarianismo autoritario (Venezuela, Nicaragua, Cuba) y las democracias liberales con sus distintos matices. La estabilidad o inestabilidad de Colombia —que comparte frontera con Venezuela, es el mayor receptor de migrantes venezolanos y es actor clave en la lucha contra el narcotráfico— tiene consecuencias que trascienden sus fronteras.

Perspectiva geopolítica
El politólogo Steven Levitsky (Harvard), en su trabajo How Democracies Die (2018), documentó que las democracias contemporáneas rara vez mueren por golpes militares: mueren lentamente, erosionadas desde dentro por actores que utilizan los instrumentos democráticos para socavar la democracia. El llamado a «hacer invivible» la gobernanza de un presidente electo es, en esa taxonomía, un mecanismo de erosión democrática, independientemente de la ideología de quienes lo promueven.

La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías han añadido una dimensión adicional: la posibilidad de que actores externos —estatales o no estatales— amplíen artificialmente la percepción de descontento interno, creando la ilusión de un movimiento más amplio y representativo de lo que realmente es. Los informes del Center for Strategic and International Studies (CSIS, 2024) documentan operaciones de influencia extranjera en múltiples procesos electorales latinoamericanos que utilizaron exactamente estos mecanismos.

VII. La responsabilidad del ciudadano: el costo de la credulidad en la era de la IA

La manipulación de masas requiere masas dispuestas a ser manipuladas. Esta afirmación no es un reproche moral sino una observación empírica: toda estrategia de desinformación exitosa explota vulnerabilidades cognitivas reales —y universales— que los seres humanos compartimos independientemente de nuestra ideología, educación o sofisticación.

Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, demostró en su obra Thinking, Fast and Slow (2011) que el pensamiento humano opera en dos sistemas: uno rápido, emocional e intuitivo (Sistema 1), y uno lento, deliberativo y analítico (Sistema 2). El contenido diseñado para la indignación política activa exclusivamente el Sistema 1, cortocircuitando el pensamiento crítico antes de que pueda activarse el Sistema 2. No somos estúpidos cuando caemos en la desinformación; somos humanos.

⚠ Señales de alerta para el ciudadano crítico: Un contenido merece verificación adicional si: (1) produce una reacción emocional intensa de indignación o miedo; (2) confirma exactamente lo que ya creías; (3) la fuente original es difícil de identificar; (4) no aparece en ningún medio de comunicación formal; (5) el formato es un video o audio de calidad inusualmente alta sin contexto verificable. Ninguna de estas señales prueba que el contenido sea falso, pero todas son indicadores estadísticamente asociados con la desinformación.

La UNESCO, en su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial (2021), señaló que la proliferación de IA generativa exige alfabetización mediática no como lujo educativo sino como competencia cívica esencial. Un ciudadano que no puede distinguir entre un video real y un deepfake no puede ejercer plenamente su soberanía democrática: vota, protesta y se indigna sobre la base de realidades que pueden ser completamente fabricadas.

Conclusión: La democracia exige más de sus defensores que de sus enemigos

La consigna de «hacer invivible» el entorno de un mandatario legítimamente electo no es progresismo: es totalitarismo conductual con estética de resistencia. Lo que diferencia a una democracia de una autocracia no es quién gana las elecciones, sino qué hacen los que pierden.

Las democracias sanas producen perdedores que siguen participando en el sistema porque confían en que las reglas del juego los protegen también a ellos. Las democracias enfermas producen perdedores que prefieren destruir el tablero antes que aceptar el resultado. El diagnóstico no requiere simpatía por los vencedores: requiere madurez institucional y comprensión de que el turno del poder siempre cambia, y que quien destruye hoy las reglas para perder, destruye mañana las reglas para ganar.

La responsabilidad más urgente en este momento no es del gobierno electo sino de los ciudadanos: desconfiar de sus propias certezas cuando son demasiado cómodas, verificar antes de compartir, distinguir entre el líder que les habla y los intereses que ese líder sirve. La democracia no es un espectáculo que se observa; es una práctica que se ejerce con información, con criterio y, sobre todo, con la humildad de quien sabe que puede estar equivocado.

Fuentes formales de referencia

1.Defensoría del Pueblo de Colombia (2026). Comunicado oficial sobre amenazas contra Abelardo de la Espriella y garantías al proceso electoral. Abril 14, 2026. defensoria.gov.co

2.El País América Colombia (2026). «El fantasma de la convulsión social amenaza la recta final de las presidenciales en Colombia.» Junio 17, 2026. elpais.com

3.El Tiempo (2026). «La seguridad de De la Espriella entra en una nueva fase tras su triunfo electoral.» Análisis sobre las 16 amenazas documentadas. eltiempo.com

4.Constitución Política de Colombia (1991). Arts. 1, 2, 3 (Estado Social de Derecho) y Art. 37 (Derecho a la manifestación pública pacífica).

5.Bandura, A. (2016). Moral Disengagement: How People Do Harm and Live with Themselves. Worth Publishers. Teoría de la desconexión moral y justificación de la violencia ideológica.

6.Levitsky, S. & Ziblatt, D. (2018). How Democracies Die. Crown. Harvard University Press. Análisis de la erosión democrática desde dentro del sistema institucional.

7.Vosoughi, S., Roy, D. & Aral, S. (2023). «The spread of true and false news online.» Science, MIT Media Lab. Desinformación se propaga 4,8x más rápido que información veraz.

8.Reuters Institute for the Study of Journalism (2025). Digital News Report 2025. Universidad de Oxford. Hábitos de verificación de noticias en América Latina.

9.Foro Económico Mundial (2024). Global Risks Report 2024. La desinformación amplificada por IA clasificada como mayor riesgo global a corto plazo.

10.UNESCO (2021). Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial. Noviembre 2021. Marco internacional sobre alfabetización mediática y soberanía informacional ciudadana.

11.Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux. Sistemas cognitivos y vulnerabilidades ante la manipulación emocional.

12.Center for Strategic and International Studies — CSIS (2024). Influence Operations in Latin America: Patterns and Policy Responses. Operaciones de influencia extranjera en procesos electorales latinoamericanos.

13.Paxton, R. (2004). The Anatomy of Fascism. Knopf. Estructura y condiciones de emergencia de los movimientos radicales de masa.

14.Corte Interamericana de Derechos Humanos — CIDH. Jurisprudencia consolidada sobre libertad de expresión e incitación al odio. OEA. Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Este artículo es de análisis periodístico-académico. Las posiciones expresadas se basan en fuentes verificadas y en el análisis de las disciplinas del derecho, la psicología, la ciencia política y la geopolítica. No representa la posición editorial de ningún partido político.

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